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lunes, 17 de noviembre de 2014

Mi camino hacia el Minimalismo by Viviana Baracat

Ante la petición que hacíamos hace algunos días:


"Todo aquel amig@ de La Fisioteka que tenga algo interesante que contar

y pueda servir de ayuda a otros lectores,

poneros en contacto por cualquier "canal" y os lo publicaremos"

Estamos encantados con el primer "artículo" llegado a nuestras manos
(en esta ocasión mejor sería decir: llegado a nuestros pies)

Millones de Gracias a nuestra paciente, alumna y amiga Viviana, que nos cuenta su experiencia y evolución desde una invalidante Fascitis Plantar hasta llegar a disfrutar de una plena vida Barefoot.

Esperamos que os guste, es largo pero muy interesante:



Hace tres años, a la semana de comenzar a trabajar de maestra, sufrí una sobrecarga muscular
en el pie derecho que lo dejó hinchado y paralizado durante tres días. Había sido un impacto
para mi anatomía pasar a estar de pie, yendo y viniendo entre pupitres, aulas, ordenadores y
pizarras cinco horas diarias sin apenas pausas. Siempre me había considerado una persona
activa y ágil, fiel usuaria del ejercicio que los profesionales de la salud llaman “de
mantenimiento” (dos horas semanales, una de natación y otra combinada de algo aeróbico
más estiramientos) y de caminatas diarias. Sin embargo, tenía trabajo de oficina, esos para los
que te pagan por estar sentada frente a un ordenador, y donde te recomiendan cada 10
minutos darte una vuelta para reactivar la circulación. Ante la nueva problemática me sentí
miserable e impotente: maestra de primaria especialista era lo más parecido que había
conocido a una clase de aerobic continuado, y mi cuerpo no estaba preparado.
Entre todas las dificultades que había previsto con el cambio de trabajo no figuraban las principales: estar de pie muchas horas y el desgaste vocal.
Felizmente la solución llegó casi de inmediato, y funcionó a la primera:
zapatillas Amortiguadas "de gel".
Comencé a usar este calzado para caminar y realizar mis actividades diarias, es decir para casi todo. Al llegar a casa me lo quitaba y quedaba en calcetines, lo típico de cuando llevamos en la calle muchas horas.
Durante todo ese tiempo intenté seguir con mi rutina de ejercicios habitual, y cuando tenía que hacer cinta usaba otro par de zapatillas Amortiguadas "de gel".

Todo parecía correcto, normal... Hasta que me lesioné.

Sucedió a mediodía, cruzando la calle desde el edificio del comedor hasta el edificio de las
clases, pisando un mínimo desnivel del asfalto. El evento parecía tan nimio que seguí con mis
actividades de la tarde llegando a casa más tarde de lo habitual tras una caminata imprevista.

No hubo ningún asunto extraordinario hasta la mañana siguiente, cuando amanecí otra vez con
el pie derecho muy inflamado, morado e inutilizado de un año antes.
Al ser el último día de clases antes de las vacaciones de Navidad pensé que podría acudir al trabajo en ese estado. Al llegar al médico por la tarde el dolor se había extendido a ambos pies, y en mi urgencia comenté al doctor lo que me pasaba en ese momento, sin mencionar la mala pisada del día
anterior.
Ante mi relato, sin revisar mis pies, el traumatólogo de turno me diagnosticó fascitis
plantar, una dolencia sin gravedad que afecta, entre otras, a las personas que pasan mucho
tiempo de pie.


Con reposo y masajes de botellines llenos de agua helada remitiría
(...)

Así que durante las siguientes tres semanas de vida relajada pude volver a andar sin dolor.
Me gustaría terminar la historia en este punto, pero... al reincorporarme al trabajo el problema
volvió aun con mayor molestia e invalidez, ya que a la hinchazón persistente del pie derecho había que sumar un dolor permanente en ambas plantas de los pies (la fascitis plantar, supongo).

Entonces comenzó un largo y tortuoso recorrido por médicos y rehabilitadores
de distinto perfil y pruebas médicas de gran precisión. 

El primer evento fue un tratamiento de la f. p. mediante rehabilitación a través de fisioterapia
manual y plantillas (antipronación y algo más en el talón). Me indicaban también que tenía un acortamiento de gemelos y tendón de Aquiles que me producía dolor;
era recomendable que siempre llevara algo de tacón, 
como el drop de las zapatillas deportivas que usaba. 

Este tratamiento no curó el dolor sino que lo empeoró, así que...
siguió un diagnóstico de edema óseo en la tibia distal acompañado de tendinitis de Aquiles.
Como esto parecía serio, el doctor que lo diagnosticó recomendó una baja médica con 5 semanas de reposo absoluto y una bota Walker para los desplazamientos cortos e indispensables.
(...)
La bota Walker permitía que mi pie bailara dentro, y al verla, un fisio de mi entorno (fue la
etapa de mi vida en que visité más fisios y conocí su importancia) apareció para indicarme que
dejara de usarla inmediatamente porque era perjudicial. En su opinión, yo había sufrido un
esguince que se resolvería mediante 2 semanas de reposo. Siendo tan ignorante en anatomía
seguí su consejo, admito que me quité la bota y fui a un servicio de urgencia, de donde
después de contar cómo había pisado al cruzar la calle (me hicieron una radiografía) salí con el pie y la pantorrilla vendados, un diagnóstico de esguince y la recomendación de usar muletas durante
dos semanas.

Finalmente, mes y medio después, desconociendo aún el motivo técnico exacto de mi baja, me
reincorporé al trabajo con prudencia encarnada en un bastón para caminar.
Era la primera vez que pasaba dos meses en reposo, y no era cuestión de estropearlo.
En clase comencé a usar todo tipo de ayudantes que me permitirían no moverme de la silla la mayor parte del tiempo.
A estas alturas, quizás os preguntéis qué había sido de esas zapatillas Amortiguadas "de gel" que tan eficaces resultaron en un principio. Pues bien, ahí seguían, sobreviviendo diagnóstico tras diagnóstico y saliendo fortalecidas en el intento.

Yo les contaba a los doctores que en casa me quedaba
descalza, y uno de ellos me indicó que no abusara de eso.

Finalizado el curso escolar llegaron las tan ansiadas vacaciones con la correspondiente visita a
la familia.
Aparentemente todo había vuelto a la normalidad.

Las zapatillas Amortiguadas "de gel" las alternaba con otro tipo de calzado con amortiguación, dado que había llegado a la conclusión de que el gel y la amortiguación era absolutamente lo mío.
Hasta que un mes y medio después, a raíz de caminar dos horas por adoquinado,
reapareció el molesto cuadro en el tendón de Aquiles.

A la semana de este nuevo incidente, vuelvo a Madrid (12 horas de avión) y aterrizo con el pie muy inflamado y la necesidad de ayudarme en unas muletas.

El nuevo periplo se focalizó esta vez en buscar a los mejores especialistas y también en
comparar con otras áreas de la salud: acudí al vascular y la reumatólogo.
No hubo aportes novedosos: no había dolencia más ni alteraciones, "solo" el edema óseo en la tibia que, aunque disminuido, parecía seguir ahí; había un problema de acortamiento de gemelos y tendón de Aquiles que me hacía sufrir; podía probar cambiando mis zapatillas Amortiguadas "de gel" y buscar algo nuevo y que fuera la mejor amortiguación del mercado.
Además de comprarlas, me di cuenta de que debía fortalecerme y volverme más ágil.

Retomé el curso escolar decidida a superar definitivamente mis molestias en el/los pies y con la mejor amortiguación del mercado sería posible.
Además, supe que un compañero de trabajo que estaba sufriendo un problema similar tenía unas plantillas de silicona, mientras que las mías parecían trozos de goma pegados.
Por supuesto, visité a otro podólogo para que me fabricara unas plantillas de última generación, pero él me dijo:
“Primero hay que desinflamar el pie. Luego veremos si necesitas las plantillas.” 
Su diagnóstico me pareció un poco extraterrestre, porque después de un año de tratamientos que incluían mes y medio de rehabilitación, reposo y dos sesiones diarias de 5-10 minutos de hielo la hinchazón seguía ahí. Sin embargo, como soy una paciente obediente y tampoco me pedían nada del otro mundo, comencé a buscar un tratamiento individual, que mirase mi problema y se atreviera a resolverlo.

Poco después aterricé en la consulta de La Fisioteka, en mi distrito madrileño.
En una hora un tratamiento/masaje doloroso eliminó prácticamente la molesta e invalidante inflamación.
El fisio también me explicó que el hielo a diario era lo que impedía que ésta remitiera.
Si me sentía bien andando en calcetines podía intentar andar así todo el tiempo.
Me indicó que mis gemelos/Tricpes y tendones de Aquiles no estaban acortados de nacimiento, sino de un excesivo uso de tacón en zapatos de calle y drop de 2-4 cm en mis estupendas zapatillas UltraAmortiguadas.
En definitiva, las bases de mis extremidades inferiores no son pronadoras, ni supinadores, ni deficientes en el control de movimiento ni necesitanban plantillas.

Todo ello me llevó a conocer el calzado barefoot o minimalista,
que permite al pie la movilidad y ligereza que tiene el pie descalzo,
y así ayuda a desarrollar la musculatura y la movilidad de esta parte del cuerpo
que escondemos y subestimamos.

La idea me resultó una revelación. 

Inmediatamente hice desaparecer de mi vista todo el calzado que tenía, menos un par bastante plano, y me hice con unas zapatillas minimalistas (VIVO Barefoot) de andar, que desde entonces alterno con unas Five Fingers y unas estupendas Hueraches, procurando andar descalza completamente siempre que puedo.

Casi inmediatamente después de abandonar la amortiguación
me di cuenta de que mis rodillas y piernas en general estaban más relajadas,
mi espalda más recta y los hombros bajos y ligeros.
Podía estar en clase de pie varias horas sin notar molestias.

Ocho meses después de mi primera consulta a La Fisioteka continúo mejorando.
He finalizado el curso escolar de pie sin preocupación ni recaídas.
Mi postura es más recta, siento la espalda más relajada.
Mis pies son más flexibles, fuertes y libres de dolor
(aunque con alguna molestia en la zona del talón derecho vez en cuando)
He vuelto a saltar y correr.
He pasado los cuarenta y me siento más ágil que hace tres años.
No hace falta tener los pies encapsulados en armatostes amortiguados,
El ser humano es bípedo y ha sido ampliamente reconocida la importancia del pie en nuestra evolución como especie.

Ya lo señalaba Leonardo da Vinci, al describir al pie humano como
“una obra maestra de ingeniería y una obra de arte”.

Después de toda esta aventura llegué a la conclusión de que fue el contacto con la tierra lo que me
devolvió la confianza y me permitió desarrollar una cierta resistencia y readaptación al medio.


Con este artículo no pretendemos denostar a la industria "amortiguada",
NO pretendemos indicar que cualquier lesión se puede "curar" única y exclusivamente con Fisioterapia y adecuación al esfuerzo.
Tampoco queremos decir que el calzado minimalista, huaraches, etc, sean la mejor elección para todo tipo de personas según edad y/o estado de salud.
NO queremos que se malinterprete este artículo, que nadie se nos enfade, solo pretendemos dar a conocer que existe otra realidad que puede serte de ayuda, SOLO ESO.
Gracias por vuestra lectura y comprensión.

lunes, 10 de noviembre de 2014

COMO PASAR DE CORRER 5 A 105. EL PROBLEMA SON LOS 100 DEL MEDIO… by Carlos Sanz Alonso (@csalonso)

Buenos días Familiateka:

En nuestro afán por acercaros la esencia del "todo es posible",
hoy contamos con la aportación de un amigo y paciente de La Fisioteka,
miembro de nuestro club Team Sport Spirit y prolífico bloguero
(sigue su nueva andadura 2.0 en charlialonso en tumblr)

Espero que disfrutéis con la lectura.


COMO PASAR DE CORRER 5 A 105.
EL PROBLEMA SON LOS 100 DEL MEDIO…

Allá por el 2009 era un tipo sedentario que andaba por los 87kg. A pesar de haber hecho deporte toda la vida los últimos años habían sido nulos deportivamente hablando. Al volver a jugar al baloncesto, en el primer entrenamiento me di cuenta que si al recorrer 2 canchas corriendo estaba al borde del infarto, mi estado físico dejaba bastante que desear…
Qué es lo más fácil para ponerse en forma? Correr. Y supuestamente es así, lo complicado es hacerlo bien, progresar en la medida de las posibilidades y limitaciones de cada uno (atención a esto último) y no dejarse las rodillas en el intento. Así que en ello me puse, tenía un recorrido medido de unos 4,8km al lado de casa y varias veces a la semana los recorría con más pena que gloria. Hasta que un día empiezas a dominar esa distancia, cada vez la haces en menos tiempo y acabas sin ganas de que te rematen…y un amigo que ya corría me comenta la posibilidad de inscribirme a una carrera corta, y sin pensarlo demasiado me vi participando en la Legua de Tielmes (5,8km). Al llegar a la carrera lo primero que pensé es que terminaría el último seguro. 34 minutos y medio después no solo no era el último sino que incluso había adelantado a algunos…4 años después completaba la misma carrera en escasos 22 minutos.
Subidón de moral, y como no hay nada más peligroso que un tonto motivado me pongo a entrenar como loco, el siguiente objetivo era correr una de 10km, así que empecé a intentar las dos vueltas al recorrido, al principio andando gran parte de la segunda vuelta para poco a poco andar menos y poder completar las dos vueltas corriendo.  Al tiempo que iba ganando km iba perdiendo kg, lo cual ayudaba a ganar km y a su vez perdía más kg…la evolución iba muy rápida, iba participando en carreras, metiendo más km…y por supuesto nada de respetar tiempos de descanso, depurar la técnica de carrera, atender y cuidar dolores y molestias…para qué?
Inevitablemente si haces las cosas mal llegan las lesiones. Creo que en pocos meses tuve todas las –itis posibles, que mataba a cañonazos a base de antiinflamatorios a chorro. Cuando llegó la tendinitis del rotuliano pensé que se solucionaría igual. Error. Entré en la dinámica de darme crema de calentamiento para poder correr y acabar con hielo y antiinflamatorio todos los días que entrenaba. Así durante algunos meses, hasta que directamente dolía al bajar simplemente las escaleras del metro.  El diagnóstico: tendinosis del tendón rotuliano y condropatía nivel 2 (en las 2 rodillas).
Frenazo en seco, me prohíben correr (aunque algún escarceo tonto cae) y durante 8 meses y medio no hago más que rehabilitación, algo de bicicleta suave (no había montado en 30 años) y horas y horas de ejercicios en casa que no daban los resultados esperados. Unas sesiones de EPI (electrólisis percutánea intratisular) me dan algo de luz y parece que en el día a día van dejando de doler…cuando me dicen que puedo volver a trotar no me lo creo del todo, 3,5km que me supieron a gloria y a día de hoy todavía recuerdo. Sigo con los ejercicios, aumentando km muy despacio y parando el tiempo necesario a la mínima molestia, cuidándome con algún masaje de descarga de cuando en cuando y consigo participar en una carrera de 5km en la que hago un tiempo pésimo pero no hay dolor…
Desde entonces no paré de evolucionar, dando un salto importante en el 2011, en el que completé dos medias maratones, me estrené en carreras de montaña y acompañé a un amigo en la Maratón de Madrid completando 31km, acabé muerto pero convencido de que al año siguiente la haría completa y con dorsal. Imprescindible ese año fue el trabajo de fuerza, metiendo un día de gimnasio a la semana y vigilando y tratando las molestias en cuanto aparecen.
Y así en el 2012 cayeron 5 medias maratones de asfalto, una media de montaña y completé la Maratón de Madrid en 3h45’, así como 15 carreras más de distintas distancias en montaña y asfalto. Año muy bueno.
Tocaba reafirmarse en el 2013, fueron otros 23 dorsales, incluyendo una nueva Maratón de asfalto, estreno en Maratón de montaña, 4 medias de asfalto y montaña y el primer escarceo con la ultradistancia, los 100km de la Madrid-Segovia.
Me habían hablado de esta carrera muy bien y la verdad es que todas las opiniones eran buenas a todos los niveles (organización, recorrido) y allí que me lancé. Creo que la preparé bien a nivel físico, no tuve ningún tipo de molestia muscular ni cansancio pero dejé de lado el cuidado de los pies, y las ampollas y heridas que llevaba en el km 65 eran importantes. Tocó cubrir los 35 km restantes andando y penando como nunca lo había hecho ni volveré a hacer, el pisar mal a causa de las ampollas hizo que se me cargaran hasta las pestañas. 15h después de salir de Pza. Castilla llegaba a Segovia literalmente molido…
Este año era uno de los objetivos, junto con el GTP80K, carrera en la que no llegué a tomar la salida por mini-lesión (no grave, pero a una carrera de 80km con 7000m de desnivel acumulado tienes que ir al 100%) y la completé en 13h50’. Para el año que viene tocará rebajar ese tiempo.
También ha caído una Maratón de montaña y dos Maratones de asfalto, así como 4 medias maratones de asfalto y 2 de montaña, y dorsales varios en distintas distancias y terrenos. La intención es seguir evolucionando y aprendiendo mientras el físico acompañe, sin más misterio que hacer las cosas con pausa y acorde a la medida de mis posibilidades, que no son nada del otro mundo, en cuanto me paso de revoluciones e intento quemar etapas más rápido de lo normal aparecen los dolores y las molestias, que por suerte ya sé detectar a tiempo, parar y recurrir al fisio, lo que me ha ayudado a no parar casi en tres años (la molestia previa al GTP).
Todos tenemos nuestro ritmo, nuestras pequeñas taras de las que tenemos que ser conscientes, y nuestra velocidad de evolución, que irá condicionada por nuestro estado de salud y por el estilo de vida en los años previos.

Y mucho cuidado con la avalancha de motivación que estamos sufriendo últimamente,
ojo a las frases tipo “cualquiera puede hacerlo”,
que no dejan de ser verdades a medias.
CASI cualquiera puede hacer CASI cualquier cosa que se proponga
siempre y cuando se den unas circunstancias y se haga correctamente.
No subestimemos la capacidad de nuestro cuerpo,
pero sobre todo no la sobreestimemos.


Muchas gracias por tu artículo Charli, como siempre un placer.
Gracias amigo.


Todo aquel amig@ de La Fisioteka que tenga algo interesante que contar
y pueda servir de ayuda a otros lectores,
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